Cerca del 4% de los niños pequeños tienen miopía, el 21% tienen hipermetropía y el 10% astigmatismo, según los datos de dos estudios del Instituto Nacional de Salud de EEUU, publicados en la edición de octubre de la prestigiosa revista Ophthalmology.
Los errores de refracción como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo son los problemas visuales más comunes en los niños y se pueden corregir con gafas. La identificación y el tratamiento adecuado de estas condiciones puede prevenir la pérdida futura de visión por ambliopía (prevalencia del 5%) y el estrabismo (prevalencia del 2%).

Este es el estudio más grande de su tipo jamás realizado en todo el mundo, han participado un total de 9.970 niños de 6 meses a 6 años de Los Angeles y de Baltimore.
Los investigadores encontraron que el astigmatismo a edades tempranas, en ocasiones, se puede resolver con la edad. Los bebés de 6 meses a 1 año, tenían aproximadamente 3 veces más probabilidades de tener astigmatismo en comparación con los niños de 5 a 6 años (23% frente al 9%, 95% intervalo de confianza [IC]: 2,28 a 3,73). Por el contrario, la hipermetropía, fue un poco más frecuente en niños algo mayores, grupo de 5 a 6 años, en comparación con los de 2 a 3 años de edad (23% vs 18%).
Los niños miopes tienen 4 veces más probabilidades de tener astigmatismo que aquellos sin error refractivo. Este efecto fue menos pronunciado en los niños hipermétropes (OR, 1,6, IC 95%, 1,39 a 1,94).
La exposición gestacional al tabaco aumentó significativamente el riesgo para la hipermetropía y el astigmatismo (OR, 1,4 y 1,46, respectivamente), así como para el estrabismo.
El origen étnico también ha demostrado estar relacionado con la prevalencia de los defectos de refracción: la miopía es hasta 6 veces más frecuente entre los niños de raza negra en comparación con los niños blancos (6% versus y 1%). En los hispanos la miopía es 3 veces más frecuente que en la raza blanca.

Este estudio nos da una idea de la enorme importancia de la revisión oftalmológica en los niños pequeños, dada la enorme prevalencia de defectos refractivos que, si no son corregidos, pueden desembocar en problemas muy serios como la ambliopía o el estrabismo.
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