Un motivo de derivación muy frecuente por parte de los pediatras es la epifora congénita o lagrimeo del recién nacido. Se trata de un lagrimeo continuo con acumulo de secreciones mucopurulentas en la zona del lagrimal debido a la obstrucción congénita del conducto nasolagrimal. Afecta al 6% de los recién nacidos a término.
Los padres refieren que uno o los dos ojos aparecen húmedos, que las lágrimas rebosan por las mejillas y que se producen con frecuencia infecciones con acumulo de secreciones y costras. En algunos casos los párpados aparecen rojos e irritados por la humedad continua producida por las lágrimas.
El 90% de los casos se resuelven espontáneamente o con tratamiento médico en los primeros meses de vida. Se deben lavar los ojos con suero fisiológico para evitar el acumulo de secreciones, realizar masajes sobre el saco lagrimal con breve deslizamiento del dedo hacia abajo para aumentar la presión hidrostática hacia donde está la obstrucción y emplear antibióticos tópicos de amplio espectro en periodos intermitentes.
Cuando no se ha producido la resolución a los 6 meses de edad se debe realizar el tratamiento quirúrgico, llamado sondaje, que consiste en pasar una sonda por los conductos lagrimales hasta la fosa nasal, rompiendo la membrana que suele estar a nivel de la válvula de Hasner en la salida a la fosa nasal. El sondaje consigue resolver más del 80% de los casos si se realiza de forma adecuada.
Este tratamiento quirúrgico se debe realizar ente los 6 y los 12 meses de vida, ya que antes de los 6 meses se produce la resolución con tratamiento médico en el 90% de los casos y no se debe diferir nunca más allá de los 12 meses, debido a que disminuyen las posibilidades de curación con el sondaje.