La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más común de demencia, tiene una fuerte asociación con la edad, cerca del 15% de la población sobre los 65 años tiene EA y es considerada la 6ta causa de muerte en los Estados Unidos. El diagnóstico consiste principalmente en los criterios clínicos, pérdida de la memoria así como alteraciones cognitivas como los más significativos. Sin embargo el diagnóstico definitivo se basa en los hallazgos neuropatológicos que consisten principalmente en placas extraneuronales de proteínas Aβ así como depósitos intraneuronales fibrilares compuestos de la hiperfosforilación de la proteina tau.
Recientemente, en una revisión de la revista Acta Ophthalmologica(1), se describen las manifestaciones de la EA en el sistema visual. La retina es el tejido que tiene mayor relevancia debido a su composición de células ganglionares y fibras nerviosas que forman el nervio óptico. Por lo que podría utilizarse esta información de la retina y desarrollar un biomarcador para EA.
Usando la tomografía de coherencia óptica, se ha encontrado una reducción de células ganglionares así como disminución del grosor retiniano. Se han documentado cambios en las capas de fibras nerviosas en la EA temprana, aún en ausencia de afectación visual. Además, estos cambios pueden ser indicativos de severidad de la enfermedad, como ha sido demostrado, la reducción de la capa de fibras nerviosas esta inversamente correlacionado con la duración de la EA así como también en su severidad.

Las anormalidades vasculares también han sido asociadas con EA, de hecho, la hipótesis vascular de la EA postula que las reducciones del flujo cerebral puede servir como un biomarcador de utilidad. Dada la capacidad para visualizar la vascularidad retiniana de forma no invasiva, la retina ha sido usada para evaluar los cambios microvasculares en los pacientes con EA. Los estudios han demostrado una reducción de la microvasculatura lo cual ha sido correlacionado con la palidez del nervio óptico en la EA temprana. Otros hallazgos incluyen un estrechamiento de las venas retinianas, reduciendo el flujo sanguíneo y reduciendo el grosor coroideo.
Si bien los datos que apoyan las pruebas clínicas en la EA siguen siendo rudimentarios, estas pruebas podrían presentar una oportunidad adicional para ayudar a la detección temprana de EA así como su seguimiento.
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Bibliografía:
1.- Yael Kusne, Andrew B. Wolf, Kate Townley, Mandi Conway and Gholam A. Peyman, Visual System Manifestations of Alzheimer’s Disease, Acta Ophthalmol. 2016 Nov 19.
