Probablemente uno de los artículos referidos a enfermedades de la retina más importantes publicados en el año 2011 ha sido el publicado por Helen A. Mintz-Hittner y colaboradores en la revista The New England Journal of Medicine: “Efficacy of intravitreal bevacizumab for stage 3+ retinopathy of prematurity”.
Ya hemos hecho referencia a dicho artículo en nuestro blog tanto el Dr. Sánchez-Waisen como yo. Se trata de un artículo con la más alta calificación científica, es decir con el más alto nivel de evidencia: es un estudio prospectivo, controlado, randomizado, estratificado y multicéntrico.
En dicho estudio demostraron que una inyección intravítrea de bevacizumab (avastin) en los casos de retinopatía del prematuro más graves y que aparecen en los bebés de más bajo peso (lo que denominamos los retinólogos que afecta a zona I) proporcionan mejores resultados que el tratamiento convencional con laser.
Previamente ya se habían publicado buenos resultados por algunos autores, pero al tratarse de series de pocos casos y de estudios peor diseñados nosotros no nos atrevíamos a emplear el bevacizumab en nuestros pequeños pacientes.
Después de la aparición de dicho artículo, hemos empleado el avastin en 4 bebés (8 ojos). 2 de ellos con lo que denominamos retinopatía del prematuro posterior agresiva y otros 2 con retinopatía del prematuro grado 3 plus en zona I. Los 4 bebés eran de tan solo 24 semanas de gestación.
Nuestra experiencia no ha podido resultar más satisfactoria: la enfermedad se detuvo y no hubo progresión en ningún caso. No hemos tenido ninguna complicación a nivel ocular ni a nivel sistémico. La retina se ha ido vascularizando lentamente y no ha sufrido la destrucción que provocaba el láser. Y lo más importante: la mayoría de estos ojos evolucionaban hacia la ceguera con el tratamiento laser y los hemos salvado gracias al bevacizumab.
Desgraciadamente algunos autores han creado confusión poniendo en tela de juicio tan importante artículo ( DM Moshfegui y AM Berrocal ; Ophthalmology 2011). Se trata de un artículo con el mínimo nivel de calidad científica: “opinión de un experto”.
En dicho artículo, los autores advierten los posibles riesgos de las inyecciones intraoculares en bebés. Uno de los posibles riesgos que refieren es el asociado a la propia inyección intravítrea en sí misma: endoftalmitis o desprendimiento de retina.
Nosotros no hemos tenido ninguna de estas complicaciones. Hemos realizado el tratamiento en la propia unidad de Neonatología y hemos empleado los mismos cuidados que en los adultos (povidona yodada). Por otro lado, no hemos tenido ningún desprendimiento de retina (realizamos las inyecciones a una distancia de 1 mm del limbo esclero-corneal).
También advierten que los bebés tratados con bevacizumab requieren un seguimiento más prolongado porque hay que vigilarlos hasta que se vascularice la retina (4-6 meses): esto nos parece una nimiedad comparado con el dramatismo que supone la ceguera de un bebé.
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