La trombosis de vena central de la retina es una enfermedad vascular de la retina que provoca pérdida brusca de visión y suele acontecer en personas con factores de riesgo cardiovascular tales como la hipertensión arterial y la hipercolesterolemia.
Puede provocar una pérdida crónica y severa de la visión por acúmulo de líquido en la mácula (edema macular).
Está bien demostrado que el edema macular asociado a la trombosis de vena central de la retina no responde al tratamiento con láser.
En el último lustro se han publicado diversos artículos que permiten albergar alguna esperanza a estos enfermos. De este modo, cada vez hay más evidencias de que las inyecciones intravítreas de antiangiogénicos pueden contribuir a la mejoría de la visión en estos pacientes. Tienen el inconveniente de que se requieren inyecciones repetidas. No tienen efectos secundarios destacables.
También el uso de inyecciones intravítreas de corticoides como la triamcinolona se han mostrado útiles pero tienen efectos secundarios peligrosos tales como la instauración de un glaucoma intratable. Además tiene un “efecto explosivo” que no suele mantenerse en el tiempo.
Para evitar estos efectos secundarios de los corticoides intravítreos se han diseñado implantes intravítreos de liberación prolongada tales como Retisert (acetónido de fluocinolona). Recientementem, el Dr. N. Jain ha publicado un estudio de 25 pacientes en los que se han conseguido una mejoría significativa de la visión en pacientes con oclusión de vena central de la retina y edema macular. Lo interesante de este tratamiento es que logra mantener esta mejoría de la visión durante un período de tres años.

El edema macular asociado a la trombosis de vena central de la retina suele ser una condición crónica y el problema que presentan las inyecciones intravítreas es su duración relativamente corta (requiriéndose múltiples inyecciones).
También se ha ensayado en el tratamiento de esta afección un implante intravítreo de dexametasona (Ozurdex) pero la duración de su acción fue solo de 60 días. A partir de ese momento su efecto fue disminuyendo progresivamente.
De los 25 pacientes tratados con Retisert, 6 pacientes recibieron tratamiento coadyuvante con una o más inyecciones intravítreas de antiangiogénicos y/o corticosteroides y 3 pacientes fueron sometidos a una reimplantación de Retisert.
Todos los pacientes fáquicos desarrollaron cataratas que requirieron cirugía. Asimismo, 5 pacientes necesitaron cirugía por el glaucoma secundario que desarrollaron.
En una condición tan severa como esta parece necesario valorar con el paciente los pros y los contras de ser tratado y es posible que Retisert esté indicado para esta afección en pacientes seleccionados.
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