El desprendimiento vítreo posterior (DVP) es un fenómeno motivado por el colapso del gel vítreo que se produce en todas las personas con el paso de los años. A partir de los 45-50 años se produce una pérdida significativa del volumen de este gel debido al aumento del volumen del líquido (aunque en realidad este proceso ya se inicia a la edad de 4 años). El colapso del gel vítreo (sínquisis) se debe a la disociación del colágeno y del ácido hialurónico, de modo que las fibras de colágeno se agregan en haces y el ácido hialurónico y el agua se acumulan en “lagunas”. Alos 80 años más de la mitad del vítreo es líquido. Debido a este colapso del vítreo (sinéresis), éste se despega de la retina (DVP).
Diversos estudios han demostrado que este proceso se acelera después de la cirugía de la catarata o del cristalino por motivos no bien conocidos en los que no vamos a entrar, existiendo diversas hipótesis. La cuestión es que el desprendimiento vítreo posterior puede provocar alguna rotura en la periferia de la retina con el consiguiente desprendimiento de retina, y lo que realmente importa es si esto se puede evitar.

El Dr. Taiichi Hikichi ha publicado recientemente un interesante estudio acerca de este problema (Ophthalmology, 2012). Ha estudiado la incidencia acumulada a lo largo de 3 años en 575 ojos sin DVP previo a cirugía de catarata con facoemulsificación e implante de lente intraocular plegable. El estudio lo ha realizado en 3 grupos diferentes de edad: 6ª década o más jóvenes, 7ª década de la vida y 8ª década o mayores. También lo ha realizado en diferentes grupos según el error refractivo o longitud axial: alta miopía (equivalente esférico mayor o igual de -6 dioptrías o longitud axial mayor de 26 mm), miopía (de -1 dioptría a -6 dioptrías), emetropía (de -1 dioptría a +1 dioptría) e hipermétropía (mayor de + 1 dioptría).
La incidencia acumulada de DVP de nueva aparición fue de 5,4% a los 3 meses, 11% al año, 18,4% a los 2 años y 30% a los 3 años. El porcentaje al año fue significativamente más elevado en los pacientes en la sexta década de la vida o más jóvenes y la diferencia permaneció significativa a partir de entonces en el seguimiento. Los ojos con alta miopía tendían a presentar mayor incidencia de DVP postoperatorio respecto a los otros grupos, aunque no se encontraron diferencias significativas.
Un 6,4% de los ojos con DVP postoperatorio presentaron roturas de la retina con o sin desprendimiento de retina asociado. Un 15,4% de los ojos con DVP postoperatorio y degeneración en empalizada presentaron roturas de la retina, mientras que sólo un 2,5 % de los pacientes con DVP postoperatorio y sin degeneración en empalizada presentaron roturas de la retina, siendo estas diferencias significativas. Los pacientes con degeneración en empalizada presentaron un riesgo de desarrollar roturas retinianas asociadas a DVP 6,2 veces mayor que los pacientes sin degeneración en empalizada.

Como conclusiones podemos afirmar:
1. Los pacientes que van a someterse a cirugía del cristalino deben someterse a examen del fondo de ojo para ver el estado del vítreo y de la retina.
2. Los pacientes que no presentan DVP previo requieren exámenes periódicos prolongados del fondo de ojo.
3. Los pacientes que presentan degeneración en empalizada deben someterse a fotocoagulación láser antes de la cirugía del cristalino (aunque faltan estudios que confirmen su potencial utilidad).
4. En general todos los pacientes que van a ser operados de catarata o cristalino transparente deben ser advertidos de que ante la aparición de moscas volantes o flashes de luz deben acudir para un examen de fondo de ojo urgente para descartar una rotura de la retina que puediera evolucionar a despredimiento de retina.
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