Dentro del grupo de enfermedades inflamatorias del ojo se incluyen las escleritis y epiescleritis, que afectan a la capa más externa del ojo (esclerótica o esclera). Así como las epiescleritis suelen ser banales y no asocian una enfermedad sistémica por lo general, las escleritis pueden asociar una enfermedad sistémica de etiología autoinmune, y que, en algunos casos, puede revestir gravedad. Por consiguiente, el manejo y tratamiento de ambas entidades es totalmente distinto. Por este motivo es prioritario diferenciar ambas entidades. Para ello nos apoyamos en diversos aspectos clínicos aunque no siempre es fácil diferenciar ambas entidades.
Es por ello que nos ha llamado la atención el estudio realizado por el Dr. Samir S. Shoughy y col. en Riyadh (Arabia Saudí) (1) en el que evalúa las características morfológicas (cuantitativa y cualitativamente) de la esclera mediante tomografía de coherencia óptica (OCT) de pacientes con escleritis y las compara con la esclera de personas normales y de personas con epiescleritis.
Se evaluó la esclera de 18 pacientes con escleritis anterior y de 12 pacientes con epiescleritis. El ojo contralateral se utilizó como control. La media del grosor escleral transconjuntival fue de 747 micras (SD +/- 68,97) en los ojos normales, 825 micras (+/- 85,57) en los ojos con epiescleritis y 882 micras (SD +/-87,35) en los ojos con epiescleritis. Además del mayor grosor de la esclera, en los pacientes con escleritis también se describe la presencia de áreas hiporreflectivas intraesclerales de edema.
Esta información cuantitativa y cualitativa puede ser útil tanto para el diagnóstico de las escleritis como para monitorizar la respuesta al tratamiento.