Cuando la investigadora italiana, premio Nobel de Medicina, Rita Levi Montalcini perseveró en su afán de descubrir los factores de crecimiento se guiaba por su intuición.
Ella intuía que, al igual que las hormonas (ya conocidas en su época) regulaban mecanismos biológicos a distancia, existían unos “factores” que actuaban en las distancias cortas, es decir, de modo local; y no eran menos importantes.
Dedicó toda su vida al hallazgo de estas proteínas a las que denominó “factores de crecimiento”.

Esta eminente mujer del siglo XX, perseguida durante la II Guerra Mundial por su condición de judía, hubo de superar un sinfín de dificultades. Investigó en sus inicios con métodos muy escasos y rudimentarios, diríamos que “caseros” y es un ejemplo para todos nosotros. Os recomiendo la lectura de su libro autiobiográfico “Elogio de la imperfección”.
Desde estas líneas he querido rendir tributo a esta científica. La oftalmología, al igual que otras ramas de la Medicina, se ha beneficiado enormemente de sus investigaciones. Sin embargo, es un gran desconocida para muchos de mis compañeros.

En nuestra especialidad continuamente aparecen publicaciones científicas que relacionan al factor de crecimiento vascular endotelial (VEGF) con enfermedades de la retina y numerosas enfermedades las tratamos con fármacos “anti-VEGF” (ranibizumab, bevacizumab).
Recientemente Okunuki y colaboradores (Am J Ophthalmol 2011) han encontrado una relación entre los niveles de VEGF e interleukina-8 en humor acuoso y vítreo con el grosor de la retina medido con OCT en pacientes afectados de obstrucción de rama venosa retiniana y edema macular. Además, encontraron que los pacientes con más altos niveles de ambos fueron los que más se beneficiaron de la vitrectomía para el tratamiento del edema macular.
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