El desprendimiento de retina es una patología grave que puede conducir a la ceguera. A veces, aunque se consiga reaplicar la retina la recuperación de la agudeza visual es escasa. No olvidemos que la retina es un tejido nervioso y que como tal no se regenera con células nuevas.
La agudeza visual preoperatoria es uno de los principales indicadores de la visión que se va a recuperar después de la cirugía. Cuando la función visual central está preservada (y por ende, el líquido subretiniano no se ha extendido por debajo de la fóvea), el pronóstico por lo general es bueno (aproximadamente un 80% de los ojos recuperan una agudeza visual de 0,5 o mayor). Por el contrario, si la agudeza visual central está afectada, con extensión del desprendimiento de retina por debajo de la fóvea, el pronóstico empeora, de modo que sólo un 30% de los pacientes alcanzan una agudeza visual de 0,5 o mejor.
En animales de experimentación se han demostrado cambios celulares, moleculares y funcionales que ocurren a los pocos minutos de iniciarse el desprendimiento de retina. Tales cambios incluyen actividad proinflamatoria en las células de Mueller y la microglía que pueden extenderse a áreas de retina no desprendida. Asimismo, la hipoxia provocada por la reducción del flujo sanguíneo retiniano puede tener un papel en la degeneración retiniana y la activación de las células de la glía.
A pesar de estas observaciones, diversos estudios han demostrado que no hay diferencias en la recuperación de agudeza visual para los desprendimientos de retina con mácula desprendida que son operados en el intervalo de 1 semana desde el inicio. En una serie de 94 pacientes con mácula desprendida y agudeza visual menor de 0,1 no hubo diferencias en la recuperación de agudeza visual entre los pacientes operados en un período de 1-10 días (1). Esta recuperación de la agudeza visual sí fue significativamente menor en los pacientes operados después de 10 días.
La otra preocupación que insta por lo general a actuar de modo más urgente (operar cuanto antes) viene dada por la ausencia de afectación de la fóvea (lo que denominamos mácula “on”). Pero aquí también hay estudios que sugieren que no está justificada una actuación urgente. En un estudio prospectivo y multicéntrico con 82 desprendimientos de retina con macula no afectada, sólo 11 (13%) tuvieron progresión al polo posterior, afectando sólo 3 a la fóvea. En los 11 que progresaron al polo posterior, el ritmo de progresión fue de sólo 1,8 diámetros de disco por día.
Por consiguiente, aunque estudios experimentales y la simple lógica induce a pensar que el desprendimiento de retina debe ser operado cuanto antes, diversos estudios han demostrado que no existe un deterioro en la recuperación de la visión si el paciente es operado dentro de la primera semana. De modo paralelo, algúnos pacientes con la mácula aplicada pueden ser diferidos algunos días para cirugía sin que ello suponga un riesgo. No hay que olvidar que muchos pacientes que van a ser sometidos a cirugía de desprendimiento de retina pueden presentar problemas de coagulación o sistémicos que aconsejen diferir la cirugía para hacerla más segura (3).
(1) Hassan TS et al. The effect of duration of macular detachment on results after the scleral buckle repair of primary, macula-off retinal detachnments. Ophthalmology. 2002; 109(1): 146-152.
(2) Ho SF et al. The management of primary rhegmatogenous retinal detachment not involving the fóvea. Eye. 2006; 20(9): 1049-1053.
(3). Wykoff CC et al. What is the optimal timing for rhegmatogenous retinal detachment repair? JAMA Ophthalmology. 2013; 131(11): 1399-1400.
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