Como os comentamos en el blog anterior, en general, la administración de inyecciones intravítreas de fármacos antiangiogénicos (ranibizumab, bevacizumab y pegaptanib) es segura con una incidencia mínima de complicaciones (menor del 1%).
La complicación más temible es la infección del ojo (endoftalmitis) que puede llevar a la pérdida completa de la visión.
En el año 2011 se han publicado varios artículos en la revista especializada Retina en los que han encontrado que la frecuencia de endoftalmitis por estreptococos es más elevada después de las inyecciones intravítreas que en otros procedimientos quirúrgicos oftalmológicos.
En la década de los 80 diversos investigadores demostraron que el uso de mascarillas quirúrgicas disminuía el número de infecciones (meningitis) por estreptococo
en el caso de las punciones lumbares, por lo que se instauró su uso de forma sistemática.
Por este motivo, aunque el número de endoftalmitis es muy pequeño (1 por cada 12.000 inyecciones aproximadamente), cabe pensar que es recomendable el uso sistemático de mascarilla por todo el equipo quirúrgico que participa en las inyecciones así como por los pacientes afectados de infecciones respiratorias.
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