La aspirina es ampliamente consumida para el alivio del dolor y la fiebre, tratamiento de procesos inflamatorios y para prevención de efectos cardiovasculares adversos debido a sus propiedades como antiagregante plaquetario.

Debido a su uso tan extendido, ha existido una preocupación entre los especialistas en retina sobre si existe una relación entre su consumo y la aparición de degeneración macular asociada a la edad (DMAE). Esto se puede entender fácilmente teniendo en consideración que la DMAE es la causa más frecuente de ceguera en pacientes mayores de 50 años y que su incidencia sigue aumentando.
Hasta la fecha no existían estudios bien diseñados para conocer si existía esta asociación. En Europa se había realizado un estudio transversal que no mostraba un gran incremento en el riesgo (European Eye Study). Sin embargo, los estudios transversales son muy vulnerables a errores a la hora de estudiar una asociación entre un supuesto factor de riesgo y la aparición de una enfermedad.
Recientemente se ha publicado un estudio longitudinal, mucho más preciso para investigar dicha asociación : The Beaver Dam Eye Study (Barbara E. Kein y col, JAMA 2012) que nos parece de máximo interés.
Este estudio ha evaluado a 4.926 participantes (edad comprendida entre 43 y 86 años) cada 5 años durante un período de 20 años (desde 1988-1990 hasta 2008-2010). A todos los participantes se les preguntaba si consumían aspirina al menos dos veces a la semana durante más de tres meses. Se evaluaba la aparición de DMAE precoz y DMAE tardía en sus dos formas de aparición, DMAE atrófica y DMAE exudativa.
Aunque no se encontró una asociación entre el consumo de aspirina en los 5 o 10 años previos al examen de la retina con la aparición de DMAE precoz o DMAE tardía en su forma atrófica, sí se ha encontrado una relación entre el consumo en los 10 años previos al examen de la retina y la aparición de DMAE tardía en su forma exudativa, con un riesgo 2,2 veces mayor entre los consumidores que en los no consumidores.
Esto es bastante coherente con estudios experimentales que han demostrado que la aspirina puede favorecer la angiogénesis y por lo tanto puede favorecer el crecimiento de neovasos aberrantes tal como sucede en la DMAE exudativa o neovascular (O. Coertz y col, Burns, 2011).
Ya os hemos comentado en otras páginas de este blog el efecto perjudicial del consumo de aspirina y el edema macular asociado a las trombosis venosas según un estudio realizado por el profesor Sohan Hayreh. Por lo tanto ya conocemos dos enfermedades vasculares de la retina en que el uso de la aspirina puede ser perjudicial.

Es razonable el uso de la aspirina cuando del paciente realmente lo necesita y existe un riesgo real de infarto de miocardio, pero debe evitarse su uso en aquellos casos en que dicho riesgo no existe . Además, vemos que su uso indiscriminado y abusivo, incluso por iniciativa propia de muchos pacientes debe ser evitado.
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